Reflexión
Más que música, un mensaje
Damian Ramírez
La música, la senda de muchos para legar a la gloria, para otros un canal para divulgar ideas e intenciones, para mí la búsqueda de la relajación y para evitar pensar en conspiración y corrupción o misiones que fracasan o muchas batallas que aún deben ser llevadas a cabo.
Me ha dado tiempo para disfrutarla en su sentido más elevado y comunicacional.
Principio con el Reggae, un género o movimiento cultural del barrio pobre, de gente normal, común, que se levanta desesperanzado cada mañana a lidiar con sus problemáticas, cuestiones políticas y hasta religiosas. Es un ritmo de compromiso social, con Bob Marley como buque insignia, elevando el orgullo y luchando por el derecho de una mujer, cuando le solicita no llorar o gritar en un pueblo extraño, o Peter Tosh, Jimmy Cliff y Black Uhuru que siguieron y siguen enalteciendo las glorias del pueblo.
Era un ritmo que en sus principios buscaba cambios.
Para asumir que el Rap no es solo violencia, que la comunidad negra en Estados Unidos le ha tomado como vía de expresión para aclarar que esos negros declarados como una de las tantas minorías en esa potencia tiene alternativas y derechos, que son un segmento que ha decidido darle ritmo a la poesía y con ella exigir vidas dignas, decidieron hacerlo en conjunto con el Rhythm & Blues en tiempos ofensivos contra la raza, en plena posguerra, produciendo influencias con dichas manifestaciones a ritmo de compases africanos. Al Rhythm & Blues Mainstream que ha estropeado los orígenes y causas del genero, pero que ha parido, no obstante a elementos como Kanye West y Erikah Badu.
El Neo Soul, que en búsqueda de sus raíces transcurre entre los oídos de los que solo oyen y de los que escuchan y que dio tiempo a muchos para que nos regocijáramos con los matices de Marvin Gaye y Aretha Franklin y algo más tarde a Maxwell, la siempre incendiaria Lauryn Hill o la invasión de la conciencia de John Legend tratando los problemas de la gente ordinaria, a Jaheim pidiendo tiempo para que posicionáramos a la mujer en los primeros planos. Aprecio al New Jack Swing, una mescolanza interesante que ha arrojado interpretes tales como Jodeci, Boyz II Men o el Quiet Storm, padre de el fenecido Luther Vandross, Anita Baker o Fat Levert y qué tal el Rock and Roll que se convirtió en sus inicios en una virtual gran pancarta contra la guerra, las dos primeras y una potencial tercera, además de fuente de conocimiento para aquellos que ignoraron por largo tiempo la cultura negra, pero que después popularizaron Elvis Presley, Bill Haley y Little Richard.
El Gospel, el medio que la iglesia afroamericana eligió, al igual que los negros para quejarse del mundo y sus habitantes, pero esta vez para pedir a Dios que los y les guiara, además de que perdonara las intransigencias de todos, con actuaciones seculares y propias de la iglesia, con representantes como Al Green y Aretha Franklin.
Algo que me eleva la conciencia social es el Grunge de Seattle, un ritmo sucio de guitarras distorsionadas y Soundgarden y Nirvana con sus letras apáticas y de desencanto, revivieron mis conflictos internos y han sido influencias importantes para mis posteriores luchas contra estos viciados sistemas por el ocio y la política de la funda. Como movimiento musical reaccionario, no sé si fue columna para el movimiento cultural, pero si que ha encauzado mis pretéritos deseos de ver cosas mejores en mi tierra.
Cierro con el Rock Alternativo promovido por R.E.M. o The Cure que grabando en discográficas independientes avanzaron sus ideas casi literarias en la música y me siguen golpeando el intelecto, despertándole y mostrándome que la música es más que imagen, que es mensaje de lucha, paz y la búsqueda de igualdad entre las razas.
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