VÍCTIMA DE UN ESTADO FALLIDO...
Damián Ramírez
Ese 4 de octubre, Yan se levantó como siempre lo hizo en esos últimos tres meses, después de luchar contra sus avatares internos y externos, sus luchas nocturnas y de madrugadas, en los caminos inciertos y equivocados, elegidos por las influencias del momento, por su propia convicción o talvéz por haber sido empujado por un sistema lleno de vicios, que le brindó pocas o ningunas opciones, por un sistema corrupto y de políticas sociales y económicas lleno de erratas y personalidades supuestamente incólumes e intachables.
Ese ciudadano nunca se cercioró de que ese día, en su lugar de trabajo, espacio donde se desempeñó como obrero del microtráfico, sería víctima, es probable que de los dictámenes de un jefe, P.N., el mayor general José A. Polanco Gómez, orientado por el Poder Ejecutivo, que en conjunto ordenan a los miembros, P.N. actuar de acuerdo a las circunstancias del momento, sin prever que acababan de desatar una carrera infernal de contubernios, de falsos intercambios de disparos y de miembros superiores que ampliarían su rango de alcance en lo referente a la venta de protección y otras ofertas.
Nunca imaginaron, que quizá no dejaban espacio a los delincuentes o los supuestos policías corruptos, con una supuesta profilaxis o una mayor presencia preventiva o la presencia de algunos departamentos especializados en los barrios deprimidos de la tierra que también les alberga, sino que además cerraban el sitio a aquellos ciudadanos víctimas de malas ejecuciones de gobierno o judiciales y hasta congresionales.
Pero Yan, no imaginó, no se detuvo a lucubrar, talvéz con el poco raciocinio del que era dueño, que una reunión en la provincia de Santiago de los Caballeros, una parte de la patria escandalizada y probablemente lugar considerado como espacio importante de votantes para los de turno, con relevantes figuras de gobierno, judiciales, militares y policiales sería el detonante que le reventaría algún sueño restante que internamente le recorriera, que pagaría por sus viejas andanzas, que saldaría con su tradición y su vida ante sus verdugos policiales auto convertidos en jueces, jueces que se construyeron su propio palacio de justicia, donde procesaron y aplicaron la ilegal pena de muerte, con lo que violaron esa inválida Constitución dominicana sus capítulos II, tratante del Estado Social y Democrático de Derecho, en sus artículos 7, fundado en el Respeto de la Dignidad Humana y los Derechos Fundamentales ciudadanos y el 8, sobre la protección de esos derechos y el respeto a su dignidad, apelemos al artículo 22, de la ciudadanía, en su apartado 5) sobre denunciar las faltas cometidas por los funcionarios públicos y demás.
Irreverente y violación cabal del Título II de la Constitución de los Derechos, Garantías y Deberes Fundamentales, resultó el hecho por el que pasó su dignidad, violación bochornosa para una institución policial que se precia de hacer cumplir sus leyes internas y no puede cumplir las de afuera, ejemplo es el atrofie del Capítulo I constitucional sobre los derechos fundamentales, en su sección I de los Derechos Civiles y Políticos y el Artículo 37 del Derecho a la Vida, que expresa que es inviolable desde la concepción hasta la muerte, que no podrá establecerse, pronunciarse ni aplicarse, en ningún caso, la pena de muerte y el Artículo 38 de la Dignidad Humana, que expresa que el Estado se fundamenta en el respeto a la dignidad de la persona, que la dignidad del ser humano es sagrada e inviolable, el Artículo 40 que trata sobre Derecho a la Libertad y Seguridad Personal, en su apartado 14) que informa que nadie es penalmente responsable por el hecho de otro, y el 42 del Derecho a la Integridad Personal, sobre que toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica, moral y a vivir sin violencia. En consecuencia, explica en su acápite 1) que ninguna persona puede ser sometida a penas, torturas o procedimientos vejatorios que provoquen la pérdida o disminución de su salud.
Pero es lamentable, la Constitución Dominicana seguirá siendo una mierda, hasta que nazca una verdarera revolución...
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