ARTÍCULO
Una reforma para reformar sus intereses
Damián Ramírez
Enfrentamos un dilema, la reforma a la Constitución , la ha hecho el pueblo con sus sugerencias o los elementos que nos gobiernan y nos quieren seguir rigiendo.
La historia va a empezar con las promesas del presidente del Senado y Asamblea Nacional Reynaldo Pared Pérez de que dichas sugerencias serán escuchadas y las vistas públicas, o sea, todos los sectores expresarán su parecer. Tendremos foros en pro de la reforma, otros piden la socialización de las propuestas, el presidente de la república anuncia nuevas jornadas de consulta, la vida nacional ha sido convocada para celebrar encuentros, los líderes pretenden aperturar para encender el debate sobre el impacto constitucional.
El Congreso escuchará a todos los sectores con tiempo, por ser este un pueblo que puede decidir. Unos quieren evitar que el Congreso apruebe con una Asamblea Revisora la constitución, otros son más osados y persisten en querer incluir un referéndum revocatorio del mandato presidencial.
Ya hay clima de cooperación entre el Poder Ejecutivo y el Congreso sobre aspectos de la reforma, también comisiones especiales de las dos cámaras, más nada de esto llevará a verdaderas transformaciones políticas y sociales, ni aquel exaltable interés del presidente por que se siga orientando e informando o mediatizando el proceso para el pueblo, al final todo argumento habrá muerto con el más habitual de los resultados, un gobierno satisfecho por la ilegalidad del proceso, el rol dominante siempre jugará jugado por los elegidos de un gobierno que confronta los poderes fáticos.
El predominio del poder primará sobre cualquier sugerencia o decisión que sea externalizada por grupo o grupos cualesquieras que estos sean. No pasará por un debate trascendental como quieren hacer creer, se ventilarán todas las propuestas, la tanta parsimonia dará un giro dramático que se concentrará, entre otras cosas, en evitar el eco de la opinión pública que esperará resultados. Alguno por ahí se queja del reste de poder a lo judicial, pero que hay de los demás aspectos en donde se manifiesta el hombre, quedará manifiesta la falta de contendientes honestos que decidan oponerse a la fuerza institucional, esa autoridad enferma que no persigue más que ilegitimar un proceso oscuro porque se esconde tras la inanidad de aquellos que quieren seguir transmitiendo el hecho social de una reforma que no es tal.
Hay solo Realismo Político lleno de utopías, y nadie quiere enterar a la sociedad de las cosas profundas, cuando la Constitución es el pueblo, pero que hace más de 160 años no la eligió, que es lo mismo que ahora, solo con un actor adicional, además del político… el militar. Será el final de la justicia, la institucionalidad y aquí solo hay un anhelo el de la modificación del artículo 49 sobre la reelección presidencial y la eliminación del nunca más. Desde el nacimiento del documento los primeros constituyentes fueron advertidos sobre como caminaba la política del momento, las influencias partidistas les alcanzaron, ninguna reforma ha roto con las crisis nacionales.
Los líderes de principio lucharon por constituciones que le regalaran poder suficiente para perpetuarse, o bien para el dispendio, la complacencia a muchos y la autocomplacencia o autosatisfacción; por lo que hemos sufrido caudillismos, falta de cultura política, gobiernos autoritarios, de la desvirtuación de los poderes legislativo y judicial. Nuestra constitución no sufre petrificación y si se refrenda el documento, como sucederá en esta nueva reforma 2008 ó 2009, tenemos por ahí ya, a los refrendarios dispuestos a establecer las firmas después que el superior lo disponga.
A cada momento se presentan los escenarios propicios para finalmente hacerlo bien, esta reforma debería ser el resultado positivo de nuestras tantas recomendaciones.
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