lunes, 8 de noviembre de 2010

Reflexión

Meditabundo entre tazas de café
Damián Ramírez
Comer, se ha hecho tan sencillo que me puede transcurrir un día líquido y muchas veces árido. Ahora que el mundo marcha rápido, ingerir alimento no es la más grande de las problemáticas, una leve porción de arroz y una ensalada hecha de huevos cocidos, cebolla, condimentado el asunto con algo de vinagre y caldo resuelven cualquier impasse. 
Mis prioridades alimenticias se ahogan hasta en los líquidos que se desprendan de algún cítrico dulcificados y refrigerados. 
Poseo un sinnúmero de limitaciones y una de las más disfrutadas son los vegetales, con los cuales he mantenido unos amoríos funestos y que me han convertido aunque muy subterráneamente en mis interiores en hombre acaudalado. Inquietantes y con opinión simplista habré de decirlo, por no saber que cenaré, sin un plátano frito o menos  de uno. 
Más ávido se me hace el espíritu y carezco de las metáforas propicias para explicarlo, de alcanzar los altísimos pensamientos construidos en épocas remotas. Meditabundo entre tazas de café y la avena que alguien le dio por hervir para librarse de cosas peores y talvéz para impedirme la inanición del momento, p ara ella disyuntiva crucial, para mí menos importante que los lamentos negros del `35. 
Siervo absoluto de engullir nada benévolo los favores de madre tierra hechos una berenjena, dos tomates o un aguacate, amén. 
Mi alimentación no es capaz de paralizar la economía nacional ni hará de la cocina un lugar inquietante, u otorgará amargas experiencias a la doña, no le anquilosará el  pensamiento o la hará desear la fosa común. Es tan sencillo porque hasta yo mismo puedo elaborar el plan ante la amenaza seria de una hambruna. 
Comer, no es una tentación constante o mi principio básico, es solo que el alimento no hace omnipresencia, ni me conmociona el alma, parecerá noción extraña, ya que para muchos no habrá un lugar más alentador que  un florido comedor con un catálogo meticulosos de alimentos y su aumento fenomenal. 
Ratifico en forma plena que comer sin excesos es mi norte, pero que disfrutarlo es mi pasión. 
Mis inquietudes al respecto son prudentes y esta ciudad talvéz se sorprendería si llegara a enterarse de mis más difíciles crisis culinarias, es probable que mis ánimos busquen repetir lo ancestral, los míos guardan viejas enemistades con ese arte, tengo típicos ejemplos  que lo sustentan. La adopción de algunos estilos restringen satisfechos mis intenciones y divagando por ahí puedo presentar evidencias.  
Sobrevivo con otros apetitos, los que tiene una hembra pimbwe, con sus deseos de coleccionista exhaustiva del género contrario y sus odios a la monogamia. 
Suena q que sufro de aversión, más parecería evento anticipado de algunos si no se ejerce una retrospectiva que ilumine la contradicción que anteceda. 
Me refiero a mi debut nada auspicioso en este planeta químico y enlatado, sin vínculos con la salud, donde algo ocurre y el resto del mundo no se entera. 
Soy propenso al balance alimentario y a seguir buscando nuevas cosas a la hora de la ingesta, quizá pretendo un plan de paz con ello y regalar advertencias y una mejor posición al organismo antes de que avance al féretro.  

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