Reflexión
Prisioneros de nuestro propio reino
Damián Ramírez
Con la irrupción de la tecnología, el planeta de liberto se hizo esclavo. No quiero parecer reacio o que no acepto los cambios o que adoro la vieja usanza, pero la tierra perdió su esencia y desde el mismo momento en el que el conocimiento le permitió a Adán vestirse y luego crear instrumentos para facilitar la existencia en una tierra nueva.
El humano desde sus inicios estuvo destinado a corregir lo que ya estaba lejos de ser un paraíso y que se convirtió en un lugar absurdo y surrealista de pocas perspectivas de independencia. Desde la invención del fuego hasta lo más reciente: la alta definición y el iPhone, la vida nos va cambiando y nos hacemos dependientes en una u otras formas. No nos arrojamos a las labores del día a día sin un celular encima o sin encender el televisor antes y conseguir breves reconciliaciones con la información de los últimos acontecimientos del día anterior.
Ya la agenda es electrónica, ya nuestras vidas son virtuales y nosotros prisioneros de nuestros propios reinos. Cada día nacen nuevas obras maestras de la tecnología que traen consigo nuevas realidades y transformaciones sociales y sabotajes intelectuales; que no suene severo el discurso, pero automatizarnos y tecnologizarnos a pasos tan avanzados y agigantados nos hace olvidar que puede haber un rápido regreso a lo ancestral y que luego por la pérdida de la práctica sería imposible existir en estas tierras, y que enfrentar otras realidades sería difícil.
La tecnología y sus avances incrementan el progreso y el desarrollo, pero pierde a las sociedades tradicionales y a la imaginería popular divaga. Ya la mayoría busca refugio en aquellas creaciones que han acabado con las luchas de esas fervientes décadas en las que marchábamos tras revaloraciones sociales. Lo tecnológico prima en cada paso y deseo: el transporte, una llamada, un mensaje, informarnos, comer, dormir, bailar, hablar, hasta amar.
No sé que tan lejos estamos de los finales de estas guerras tecnológicas, es inevitable que no se afirme que las persuasiones emprendidas por los productores de la tecnología nos han hecho mella y que aun con nuestro máximo esfuerzo no sucumbimos ente el embate o no nos distanciamos del mismo y procedemos a ser objetivos. Es imposible que no nos movamos en los terrenos de la tecnología y de carácter absurdo sería negar que una computadora ya no es una pieza vital en el diario vivir. Simplemente nos toca adaptarnos a los cambios y tendencias actuales.
Con la tecnología vivimos jornadas diferentes y las forzadas euforias seguirán produciéndose, pero también aspectos positivos, como el rápido viaje de la información por las redes o a nivel satelital, que las más de una verdades puedan ser comparables y analizadas.
Que a veces existir no sea tan monótono por 30 ó 40 minutos.
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